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La publicidad busca clientes, y lo hace con todas las herramientas a su alcance para aumentar su impacto y rentabilidad. Los consumidores están dispuestos a recibir publicidad en sus navegadores, sus móviles o sus vídeos y música preferidos a cambio de no tener que pagar. Pero las autoridades de protección de datos y comercio de Europa y Estados Unidos creen que los navegadores y las redes sociales han traspasado las líneas rojas de la privacidad, como denunció Artemi Rallo, director de la Agencia de Protección de Datos (AEPD) en el Congreso hace menos de dos meses.

Surgen dos nuevos derechos para proteger a los ciudadanos frente al gran hermano digital: la minimización de datos y el derecho al olvido. El primero devuelve a los ciudadanos el control sobre su huella digital y su explotación comercial. El segundo afirma el derecho a cambiar, a vivir sin quedar atado a datos o informaciones archivadas en internet que pueden perjudicar la privacidad o la reputación de una persona sin reparar en su resolución. Por ejemplo, esas penas de telediario petrificadas en los buscadores y sufridas por acusados de delitos más tarde absueltos. Los reguladores investigan y pleitean con Google, Facebook, Microsoft y otros para defender la privacidad en tiempos de máxima transparencia y donde la reputación 'online' marca una vida.

La directiva europea de protección de datos obliga a las empresas de internet a conseguir el «consentimiento informado» de los usuarios antes de instalar 'cookies' y otros dispositivos de recopilación de información para limitar la publicidad por comportamiento y qué saben de nosotros los buscadores, las redes sociales o la publicidad digital. Google, Mozilla y Microsoft anuncian sistemas 'opt-out' y 'do not track' después de las exigencias de las autoridades de comunicaciones y comercio norteamericanas.

Avanza la protección y crecen las limitaciones para la publicidad digital. La tensión entre gratuidad y privacidad aumenta. La elección es del consumidor.

FUENTE: www.eldiariomontanes.es