Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies aquí. Si continuas navegando estás aceptándola.

En las calles Figueroa, América, Tarapacá y en la avenida Buenos Aires, de La Paz, las joyerías se suceden una detrás de otra, instaladas en precarios tenderetes e improvisados locales, que  no cuentan con ninguna medida de seguridad. La Razón visitó 20.

Pese a la cadena de golpes contra joyerías de La Paz y Cochabamba y las millonarias pérdidas ocasionadas a sus dueños, los propietarios de las dos decenas de negocios que visitó este diario revelan que no tienen ni cámaras de seguridad ni sistemas de alarmas. Sólo un guardia de seguridad privada vigila la calle Tarapacá.

“No tenemos ni cámaras ni alarmas. Luego de un robo que sufrimos el año pasado, nos vinimos a vivir al piso de arriba para poder vigilar. Con un ojo dormimos y con el otro estamos atentos a cualquier cosa”, cuenta Ramiro Peñaloza, dueño de Claudia, joyería ubicada en la calle América.

Al ingresar a su negocio hay dos estantes con collares y anillos de oro y de plata distribuidos en soportes. En el mostrador principal brillan aros y también collares de oro. El dueño señala que por precaución mantiene otra cantidad de joyas a buen recaudo.

Por las noches, adictos a las drogas recorren esta calle y asaltan a los vecinos. “Nos da miedo que ingresen, por eso estamos siempre atentos”, manifestó.

En la calle Figueroa, el centro artesanal Chuquiago Marka alberga al menos 20 tiendas donde ofrecen joyas, entre otros artículos. “No tenemos ni guardias de seguridad, menos vamos a contar con cámaras. Algunas dueñas quieren seguridad, otras no. Hasta que haya algo nosotros mismos cuidamos nuestros puestos”, dice Celinda (no quiso dar su apellido), propietaria de una tienda.


Para evitar los robos, los joyeros se quedan todo el día en sus puestos de trabajo. “En caso de que alguien salga a almorzar, cerramos las tiendas o pedimos a alguien del puesto del lado que nos lo cuide”, relata la mujer.

Sobre la calle Figueroa hay una joyería en la primera planta de una casa antigua. Un joven de 24 años que no quiere dar su nombre  atiende el negocio. “Solamente yo me encargo del local. Una vez ya ingresaron los delincuentes, pero no pudieron robar nada porque el dueño de casa los sorprendió en flagrancia”, cuenta. El lugar tampoco cuenta con cámaras de seguridad o alarmas.

A mediados del año pasado, la joyería Luz, en la calle América, sufrió un robo. Delincuentes armados ingresaron al lugar y sustrajeron todas las joyas.

A pesar de ese antecedente, el negocio no cuenta con medidas de seguridad. Su propietario, Erick Arancibia, afirma que antes tenía un sistema de alarma que no dio buenos resultados. “Era una alarma que cuando ocurría algo sospechoso me llamaban al celular y yo me enteraba al instante, sin embargo no funcionó”.

La calle Tarapacá, en el macrodistrito Max Paredes, es el lugar donde al menos 60 joyerías atienden al público. Los estantes se acomodan en las puertas de las tiendas donde cada propietario exhibe joyas de oro y plata.  Félix Álvarez, dueño de la joyería Mary, cuenta a La Razón que  todos los negocios no tienen sistemas de alarmas ni mucho menos cámaras de seguridad.

“Ninguno de los locales tiene, nosotros mismos cuidamos nuestros negocios”, revela el propietario. Sin embargo, la idea de dar mayor seguridad a su actividad ha venido madurando entre un grupo de ellos. Álvarez dice que con sus colegas se pretende implementar una alarma que conecte todos los negocios. En el proyecto, que estará perfilado en tres semanas aproximadamente, el apoyo policial está excluido.

“El dueño de la joyería podrá apretar un botón si es que le pasa algo y todos nos enteraremos para poder actuar”, manifiesta.  Como ésta, las Joyerías Virgen de Natividad, Claudia’s, Virgen del Carmen, Estilo, Ilusión, entre otras, tampoco tienen ninguna medida de seguridad.

Más abajo, sobre la avenida Buenos Aires, hay al menos cinco joyerías más. “No tenemos nada     de seguridad aquí porque representa gasto. Nosotros nos tenemos que arriesgar ante cualquier robo”, afirma Miguel Mamani, el dueño de Litoral.

En noviembre del año pasado, delincuentes armados atracaron la joyería Cristal y se llevaron $us 1 millón. Actualmente este negocio se encuentra cerrado.

Lizeth (no quiere dar su apellido) atiende la joyería Diamante, cerca a la calle Los Andes. “Ninguna de estas joyerías cuenta con alarmas. Nosotros nomás cuidamos aunque nos dé miedo”, señala. Los otros negocios visitados tampoco cuentan con alarmas ni cámaras de seguridad. Los encargados se resguardan sólo detrás de una cortina de tela.

Robos en La Paz

1 de marzo, 2010
.- Un grupo de antisociales ingresó a la joyería Dior, calle Comercio, en la madrugada y sustrajo cinco bandejas de plata.

23 de noviembre, 2010.- Delincuentes armados asaltaron la joyería Cristal, en la avenida Buenos Aires, se llevaron $us 1 millón en joyas y evitaron su arresto a tiros.

14 de diciembre, 2010.- Delincuentes bolivianos y peruanos atracaron la joyería Sánchez, en Cochabamba, se llevaron Bs 2 millones en joyas e hirieron a una persona además de hacer disparos al aire. 

4 de enero, 2011.- Un grupo de antisociales asaltó la joyería Vargas, en la capital cochabambina. Se llevaron joyas del lugar. Todavía se investiga el caso.

13 de enero, 2011.- A plena luz del día, al menos dos delincuentes rompieron dos candados de la joyería Molina Piza, ubicada en el edificio Arcángel de la zona de San Miguel, y sustrajeron joyas de oro y plata valuadas en Bs 100 mil. Se dieron a la fuga. 


El seguro no repuso las pérdidas a Luxor

Transcurrieron seis años desde que antisociales ingresaron a la joyería J. L. (Luxor), ubicada en plena plaza Murillo, a metros del Palacio de Gobierno y robaron $us 300 mil en joyas y $us 5 mil en efectivo. Los dueños cuentan que no recuperaron nada de lo sustraído y que el seguro no cubrió lo perdido.

“En esa oportunidad fuimos hasta la frontera con Perú para recuperar las joyas, nos mostraron una foto pero después no pasó nada más”, contó Milton Paz, uno de los propietarios.

El 7 de abril de 2005, los delincuentes practicaron una perforación e ingresaron al negocio por el techo. El robo se produjo entre las 12.30 y 14.30, cuando hay más afluencia de gente y a pesar de la seguridad que hay en cercanías de Palacio de Gobierno.

“Nos vaciaron todo, se llevaron todas las joyas de oro, al menos 60 relojes finos. Sólo dejaron la platería. Cuando regresaron los empleados (de almorzar) todo estaba vacío”, contó Elizabeth Guzmán, otra de las propietarias.

Seguro. La joyería J. L. contaba con el seguro de una conocida compañía en La Paz; la que sin embargo se negó a pagar la póliza. “Nos dijeron que como las joyas no estaban dentro de la caja fuerte y se quedaron en los mostradores, el seguro no podría cubrir”, contó Guzmán.

Esa condición, según Guzmán,  se encontraba en una de las cláusulas del contrato, que  no fue leída por los propietarios de la joyería y tampoco les comunicaron al momento de contratar el seguro.

Tras la negativa de la compañía aseguradora, los propietarios de la joyería tuvieron que empezar de cero. “Las autoridades policiales nos informaron que ya tenían a los ladrones, pero después de un tiempo la investigación se quedó ahí”, dijo Paz.

Ocho meses después el por entonces director de la fuerza anticrimen de La Paz, coronel Alberto Aracena, presentó a una banda criminal de bolivianos, peruanos y colombianos que presuntamente desvalijó a la joyería y participó con otros hechos en 2005. Fueron liberados meses después.

 

FUENTE: www.la-razon.com