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Quien no conozca la Feria de Córdoba, que ha llegado a albergar en momentos de algunas ediciones hasta 200.000 visitantes a la vez en sus 40 hectáreas de casetas y puestos, podría pensar que el subdelegado del Gobierno, Jesús María Ruiz, y el concejal de Seguridad y Tráfico, José Joaquín Cuadra, más que hablar de una Feria se referían ayer a una batalla: la práctica totalidad de la plantilla de la Policía Local (unos quinientos agentes) movilizados a lo largo de ocho días, tres decenas de cámaras de vigilancia, 650 policías nacionales reforzados por la Unidad de Intervención Policial (UIP) de Sevilla, caballería, perros para detectar drogas, dos controles en los principales accesos al Real, controles de alcoholemia a conductores de la Policía Local y Guardia Civil, turnos de entre 75 y 95 policías nacionales a la vez, un helicóptero...

Sin embargo, un dispositivo similar a este consiguió el año pasado reducir casi al mínimo los altercados y "que la Policía llegara incluso antes de que fuera avisada por los ciudadanos", recordó ayer el subdelegado. De hecho, "más que asegurar una respuesta inmediata, estas medidas tienen un carácter preventivo" , aseguró Ruiz, citando como ejemplo los controles en los accesos al Real para evitar que entren personas con armas.

El subdelegado también recordó que de nuevo se habilitará una comisaría conjunta de la Policía nacional y Local en El Arenal, poniendo también a disposición de los ciudadanos el teléfono de denuncia 902-102112 y las comisarías de Campo Madre de Dios y las conjuntas de Judá Leví (en el Casco Histórico) y Libertador Juan Rafael Mora (barrio del Guadalquivir).  

POLEMICA EN LA FERIA Por otro lado, el Ayuntamiento difundió ayer el plan de Tráfico para la Feria, a ejecutar en los grandes accesos y barrios colindantes por fases y de acuerdo a las previsiones de intensidad de la circulación en días y horas claves, con una fase ordinaria y otra especial que puede adelantarse o atrasarse según las necesidades que se detecten.

Por otro lado, el montaje de la Feria, aunque sin llegar a la agria polémica de hace dos años por la necesidad de renovar todo el cableado de seguridad de las instalaciones, tampoco está exenta de conflicto. Así, la norma municipal que obliga a que todas las carpas guarden una misma orientación para que las aguas vertientes en caso de lluvia caigan entre las casetas con una misma ordenación. Ello ha obligado a que apenas 9 días antes del comienzo de la feria, carpas como las de la Casa de Sevilla y las de trabajadores del Corte Inglés y Telefónica hayan tenido que desmontarse, adaptarse a las nuevas medidas y volverse a montar, con el importante gasto que ello ha supuesto, según han informado responsables de casetas afectadas.

 

FUENTE: www.diariocordoba.com