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Aunque usaron pasamontañas en su asalto a la vivienda de don Ricardo, las dos personas a las que desde el viernes al mediodía buscan sin descanso los agentes de la Policía Nacional no aparecieron como por arte de magia en el piso. Salvo que accedieran al edificio por alguna azotea, necesariamente tuvieron que entrar como todo el mundo por el portón de entrada del número 31 de la céntrica calle Mayor.

Aunque buscaran pasar inadvertidos en el constante trasiego de personas de un bloque que acoge despachos de abogados, arquitectos o publicistas y cuyo acceso principal está muchas horas abierto, tal vez no pudieron evitar ser grabados por las videocámaras de las entidades bancarias cercanas.

Junto al edificio, hay al menos tres. Y en todas hay cajero automático, lo que hace suponer que puede haber un registro visual del paso de los ladrones en un horario cercano al del asalto (entre las once y las doce de la mañana), y que por lo tanto la Policía examina las imágenes para tratar de establecer conexiones con sus sospechosos.

La hipótesis de que Ricardo Muñoz fue víctima de personas de su entorno, y de que además éstas tienen necesidades económicas tal vez acuciantes (las fuentes consultadas no ven probable que en el piso hubiera una gran cantidad de dinero) parece restringir bastante el grupo de sospechosos.

Así, don Ricardo atendía en un despacho de la iglesia de la Caridad a fieles en busca de confesión, apoyo espiritual o ayuda material. Pero quienes le conocían aseguran que era un hombre reservado que no recibía a más allá de veinte o treinta personas en total. Los agentes siguen dándole vueltas al testimonio de Milagros: que uno de los delincuentes tenía ojos de mujer.

La Vicaría Episcopal de Cartagena espera que el funeral pueda celebrarse el lunes, aunque todo depende de que los forenses finalicen la autopsia. Al cierre de esta edición no estaba decidido si la misa sería en Santo Domingo o en la Caridad.

FUENTE: www.laverdad.es