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Una licorería en Los Ángeles. Han asesinado al Sr. Li, su propietario. Se han llevado las cintas de las cámaras de seguridad. No parece un simple atraco. Todos los indicios apuntan a las tríadas chinas. En plena investigación, Harry Bosch recibe una llamada angustiosa de su hija, que vive en Hong Kong. Un grave problema que tendrá que solucionar en un vertiginoso fin de semana. Cuando regresa, muchas cosas han cambiado.

Hay una forma de narrar inequívocamente norteamericana y Michael Connelly es un ejemplo claro, y de los mejores. No se trata de descubrir las profundidades del alma humana, aunque cada vez haya más referencias personales en las novelas de Harry Bosch. La ciudad es el marco, pero sabemos muy poco de ella; es una obviedad pero Los Ángeles no está en Europa, y Hong Kong podría haber sido Macao o Ciudad del Cabo. Hay que contar una historia y hacerlo de forma entretenida, para hacer que el lector no deje de pasar página tras página. No importa si por el camino nos dejamos descripciones (¿acaso importa si era gordo o flaco, si ella era alta o baja?), descubrir opiniones sobre emigración, cultura tradicional o las responsabilidades de ser padre.

Lo importante es que la acción, la narración de hechos, fluya y el lector no descanse. Quizá hayamos oído a algún autor comentar que él no escribe pensando en el futuro lector. No es el caso de los Connelly, Coben, Grafton, etc… Para ellos, el lector, el entretenimiento del lector, es la clave y el objetivo. Y lo consiguen.

Como lectores sabemos que Connelly no nos sorprenderá, pero nunca nos defraudará. Bosch, su compañero, tiene miedo tras ser herido en un caso anterior, pero no indagará en ese sentimiento, simplemente es un dato que nos da para explicarnos su escasa eficacia policial. No busquen hondura intelectual, pero déjense llevar por la garantía de unas rápidas horas de lectura entretenida.

 

FUENTE: www.que-leer.com