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Cuando algún acontecimiento llega a tu vida de improviso o, aUn siendo posible, resulta inesperado, crece la necesidad de olvidarlo cuanto antes, por el bien de tu salud mental e incluso física. Si encima ese hecho que pretendes olvidar aparece reflejado por escrito en Internet, pudiendo ser examinado por todo el mundo, parece que debe ser objeto de regulación legal internacional el derecho al olvido; esto es, el derecho a hacer desaparecer esa información cierta o errónea, porque han cambiado las circunstancias, de la Red.

Y, sin embargo, aún no está nada claro que exista un derecho concreto y eficiente que lo proteja adecuadamente. Y esto a pesar de que en España existe una Ley Orgánica de Protección de Datos, cuyo cumplimiento está tutelado por la Agencia de Protección de Datos. De hecho, dicha Agencia y Google mantienen en la actualidad varios pulsos en la Audiencia Nacional para determinar quién debe retirar de Internet un enlace a una información o dato sobre una persona cuando ésta así lo solicita. Dicha agencia sostiene que ella no puede retirarlo sin atentar al derecho a la libertad de expresión, en tanto que Google mantiene que su misión es simplemente rastrear la Red, no censurarla.

Hasta tal punto existe confusión de responsabilidades, que la mismísima Unión Europea ha tomado cartas en el asunto, y a través de la vicepresidenta de la comisión de Justicia, ha anunciado una ley para antes de este verano, que permita a los usuarios reclamar de las empresas que borren los datos y fotos cuando se den de baja en el servicio. Se va a exigir mayor transparencia en las redes sociales, informando a sus participantes acerca de cuáles sean los riesgos que corren enviando sus datos personales, y si los terceros pueden tener o no acceso a los mismos. Y también se va a pretender garantizar la denominada ´privacidad por defecto´. Es decir, la imposibilidad de facilitar nuestros datos sin un expreso consentimiento, y ello aunque las redes estén fuera de Europa, lo que probablemente no guste a USA. Y ni siquiera dentro de Europa todos están de acuerdo. Por ejemplo, Facebook se opone a esta iniciativa legal, manteniendo su derecho a la información y a contar con los datos facilitados libremente por los usuarios. Es, por tanto, el eterno choque entre derechos dignos de protección, que en nuestra legislación ya está solucionado, a través del triunfo de aquel derecho que proteja un interés más importante.

Lo que ocurre es que a veces no se sabe cuál es más digno, como en los casos de la intimidad y la libertad de expresión. La solución sería la reducción de los derechos en conflictos hasta que lleguen a una simbiosis que sea legalmente aceptable. Sin embargo, esto no es nada fácil, por lo que las dudas y las zancadillas, mucho me temo que tras la nueva ley europea (en mi opinión no sería malo que también EE UU siguiera el ejemplo, pues al fin y al cabo ellos mandan) sigan existiendo. E incluso algunos problemas podrían seguir subsistiendo, ya que si se borra la información, pero ésta es guardada en los archivos de la empresa, la privacidad, salvo que solamente pueda salir nuevamente a la luz pública por orden judicial, puede quedar aún afectada.

En cualquier caso, es innegable el beneficio de la futura ley, vinculante para todos los Estados miembros de la Unión Europea, dado que no existen fronteras para la navegación real y virtual de conocimientos en Internet. Me gusta, pues, que se aprieten las clavijas para evitar tanto desconcierto en la protección de los datos personales de los que navegamos por la Red.

FUENTE: www.laopiniondemurcia.es