Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies aquí. Si continuas navegando estás aceptándola.

¿No le sorprende que las ofertas y promociones de Consum que le llegan a su correo acierten siempre con sus gustos? Su supermercado sabe que usted prefiere las conservas, congelados y productos enlatados a las verduras. Sabe que compra ingentes cantidades de lejía porque usted es muy escrupuloso con la limpieza, y sabe que hacia el viernes, usted adquirirá una caja de preservativos 'por si las moscas'. Consum conoce todos sus gustos porque Consum guarda todos sus datos de compra.

La cooperativa de supermercados ofrece a sus clientes una tarjeta de fidelización a través de la cual el socio acumula puntos cada vez que realiza una compra y la presenta en caja, tal y como se explicó el pasado martes en su presentación de resultados. Con ello, el sistema de Consum acumula los datos de las compras que el cliente ha realizado en cada momento para poder ofrecerle descuentos personalizados según sus hábitos de compra. Este tipo de personalización de la publicidad y promociones se da también en las tarjetas de grandes superficies como Carrefour y MásyMás, entre otros. Otros, como El Corte Inglés, ni siquiera contestan cuando se les comsulta por la cuestión

Este almacenamiento masivo y pormenorizado de datos del consumidor podría entrar en conflicto con el derecho a la privacidad del cliente. Una vez el usuario rellena el formulario y firma el consentimiento de pertenencia al club de fidelización, afirma comprender las condiciones. Sin embargo, en muchas ocasiones, el usuario no es debidamente informado cuando cumplimenta el acuerdo en la caja del supermercado. O bien el dependiente no explica los pormenores que implica la adhesión al club de compra, más allá de conseguir puntos y descuentos; o bien el usuario -seducido por las líneas llamativas anunciando descuentos y ahorro- no lee con detenimiento el extenso texto con minúscula tipografía que vagamente detalla las condiciones.

La Agencia Española de Protección de Datos (Aepd) ya observó en el Plan de Inspección de oficio al Sector de Grandes Superficies Comerciales de 2001 sobre esta clase de prácticas que cuando se recopilan datos para emitir estas tarjetas existen una serie de principios que deben ser observados por quien tenga la intención de recopilar, guardar o usar tal información. Con carácter general, la ley establece que cuando solicitan nuestros datos personales, debemos ser informados previamente y de forma inequívoca de la finalidad para la cual se van a recabar nuestros datos y quiénes van a ser los destinatarios de esa información.

El usuario también debe ser informado de la posibilidad de ejercitar los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición. Asimismo, los datos tienen que ser proporcionales a la finalidad para la que vayan a ser recogidos y no deberán emplearse para una finalidad distinta para la cual fueron recabados. Además, si van a remitirse al usuario comunicaciones electrónicas, también debeme ser informarno de ello, así como de la posibilidad de oponernse, de manera gratuita, a que sigan utilizando los datos que conciernan al interesado, cancelándose éstos si se solicita.

Rubén Sánchez, de la asociación de consumidores Facua advierte de que estos clubs de compras tan atractivos para el consumidor pueden derivar en "malas prácticas" por parte de las superficies comerciales de utilización de datos privados del cliente sin ofrecer una clara explicación. Asimismo, recuerdan que este tipo de publicidad "intromisoria en la privacidad del usuario" ha llegado a su máximo exponente con internet.

EL GRAN HERMANO 2.0

La misma asociación ya denunció a Gmail, el correo electrónico del gigante Google, por intromisión en la privacidad de los usuarios, tanto de los que contratan el servicio de forma gratuita -"cediendo su privacidad a cambio de 6 gigas de correo"- como de quienes les envían mensajes. En 2008 la Aepd abrió un procedimiento sobre el modelo de negocio en el que basa su servicio Gmail: el espionaje de los mensajes que reciben -y envían- sus usuarios para mostrarles publicidad personalizada en función de su contenido. "Es decir, si escribes en un mail que tu hermano ha muerto, Gmail probablemente te muestre publicidad de una funeraria", explica el activista.

"Es lo mismo que si el cartero abre tu buzón, te coge las cartas, las abre y las lee. En el caso de Gmail es una máquina quien lo hace, pero el hecho es el mismo, una intromisión penada por ley". Es el 'gran hermano' de la publicidad.

En el mercado de las tecnologías, la polémica por la utilización de los datos de usuario viene siendo una polémica continua en los últimos años. La vasta personalización que permiten los dispositivos ha dado lugar a convertir el software, según los más apocalípticos, en una pesadilla orwelliana del nuevo siglo.

Recientemente se supo que la compañía Apple realizaba un seguimiento de la localización de los propietarios de iPhones y iPads, un escándalo mediático. La compañía de Cupertino admitió que sus dispositivos guardaban el posicionamiento geográfico de sus usuarios e intentó calmar a los clientes con una actualización de software que eliminaba este sistema. Google también admitió hacer lo mismo con los usuarios de dispositivos móviles Android.

Por este motivo, ambas empresas comparecieron ante el Senado estadounidense ante el Departamento de Justicia y de la Comisión Federal de Comercio para discutir la protección de la vida privada en el ámbito de la electrónica.

Los programas de geolocalización de la telefonía móvil han convertido también a las redes sociales en el mayor sistema de espionaje -a menudo involuntario- de la historia. Rubén Sánchez comenta el caso de las aplicaciones que detectan la posición geográfica para ofrecer servicios y publicidad cercana a la ubicación del usuario. "El problema es cuando no es el usuario el que pide información, publicidad, sino que es la publicidad la que irrumpe en la pantalla para seducirle mejor", explica el responsable de Facua. Además, explica que este tipo de publicidad fomenta el consumo irracional, que es el que debe evitar y proteger la publicidad.

FUENTE: www.valenciaplaza.com