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Cuando se inició en la Región Metropolitana el sistema de autopistas urbanas concesionadas en 2004, uno de los principales aspectos que resaltaron las autoridades de la época sobre la nueva infraestructura vial fueron los altos estándares de seguridad que incorporaban. Entre ellos, el monitoreo de las rutas mediante cámaras de seguridad, el uso de moderna señalética y la adopción de protocolos de operación en casos de emergencia.

Sin embargo, todas estas medidas no lograron evitar que en la madrugada del martes, un conductor de taxi colectivo recorriera unos 30 km contra el tránsito por la Autopista Central, en una carrera que terminó con el chofer muerto tras impactar a un bus que circulaba en sentido correcto.

Los pormenores del incidente se continúan investigando, para lograr determinar las causas que provocaron el actuar irresponsable del conductor y la posterior colisión. Pero, además de los peritajes de rigor, sería esperable que la empresa concesionaria a cargo de dicha autopista haga una profunda revisión de las medidas de seguridad que adopta actualmente. 

A pesar de existir cámaras que permitían conocer la ubicación exacta en tiempo real del taxi y de disponer de equipos de seguridad para intervenir en episodios críticos, no parece que la concesionaria haya reaccionado de forma oportuna para evitar que ingresaran nuevos vehículos a la ruta, ni alertado convenientemente a los conductores que transitaban en ese momento por el lugar sobre lo que estaba sucediendo. 

Desgraciadamente, el incidente del martes dejó una víctima fatal. Sin embargo, pudo haber sido mucho peor. Por la gravedad del episodio y el peligro al que expuso a los automovilistas, se hace necesario que se corrijan los protocolos de seguridad de la autopista.

FUENTE: www.latercera.com